domingo, 28 de agosto de 2011

EFRAÍN ALVIS BETTÍN: UN BARDO IRREDENTO

EFRAÍN ALVIS BETTÍN. UN BARDO IRREDENTO.

Nació en Chinú el 8 de agosto de 1910. Sus padres Manuel Alvis González y Catalina Bettín Guerra. Aprendió telegrafía a los trece años de edad, solamente observando a Don Manolo Mora en un manipulador mecánico de código Morse, desde la puerta de entrada a la Oficina de Correos y Telégrafos; llegando a convertirse en telegrafista profesional antes de los veinte años de edad. Trabajó en Barranquilla, Cartagena, (donde alternaba con los círculos literarios), Malambo, Suán (Atlántico), Corozal, Lorica, Chinú y Magangué. En este último lugar escribió mucho sonetos entre 1932 y 1936. Tiene inédita una novela costumbrista titulada “Historia de Aristarco de Albizzi”, cuyos originales se extraviaron, y un sinnúmero de poemas escritos. Algunos publicados en periódicos y revistas. A Cartagena de Indias ha dedicado varios de sus desvelos poéticos. En esta ciudad conoció de cerca a personajes representativos de la talla de Don Santiago Porras Troconis, padre de la pintora Cecilia Porras. Fue homenajedo en el V Encuentro de Declamadores y Poetas “Oro de Guaca”, versión Efraín Alvis BETTÍN. Murio en Chinú el 28 de Julio de 1998. Su nombre está incluido en la obra LITERATURA EN EL SINÚ, SIGLOS XIX Y XX (Tomo I Página 83) del escritor José Luis Garcés González. Dejó un libro inédito antologado por su sobrino Rúber Burgos Alvis, titulado “CANTO A LA PRIMAVERA” – 20 Poemas y Sonetos Románticos.

A continuación , una muestra poética del libro “CANTO A LA PRIMAVERA” –20 Poemas y Sonetos Románticos :

SONETO A JULIO FLOREZ
Por Efraín Alvis Bettín (1936)

El numen del poeta es la tristeza
y si no que lo diga Julio Flórez
quien supo darle forma de belleza
en sus versos a todos los dolores.

Sus versos que reflejan la tristeza
del que vivió sin dicha y sin amores
son laureles de luz que en su cabeza
brillaron con fantásticos fulgores.

Por eso yo sin dicha y sin amores
cuando en el alma siento la tristeza
que en sus versos revela Julio Flórez

Presiento que algún día en mi cabeza
brillarán con fantásticos fulgores
los laureles de luz de la tristeza.



FANTASTICAS AURORAS
Como corren fantásticas las horas
a perderse en la oscura lejanía
en donde de la aurora llega el día
que termina con todas las auroras

Mientras que sueño con encantadoras
bocas llenas de aromas y ambrosías
y ojos que traigan a mi noche el día
y consuelo a la pena de mis horas

corriendo van fantásticas las horas
a perderse en la oscura lejanía
donde terminan todas las auroras

sin llegar nunca el anhelado día
en que venga una boca de ambrosía
a consolar la pena de mis horas

Magangué, 1942

Efraín Alvis Bettín

Tomado de la Revista TRIBUNA, Publicación de la Casa de la Cultura de Chinú
Año I – Número 1 – Chinú, Febrero 1993

EJERCICIOS AEROBICOS PARA LA MENTE

EJERCICIOS AERÓBICOS PARA LA MENTE O LA EXTRAÑA MUJER DEL CARNAVAL
Por RÚBER BURGOS ALVIS
Grupo Takasuán
Levantó la cortina azul oscuro y la introdujo en la ranura de la barra que divide las palomeras de los equipajes livianos, a lado y lado, en los extremos laterales del techo, luego de retorcerla y envolverla cuidadosamente. Después comenzó a penetrar con suavidad las bellas y esmaltadas uñas de sus armoniosos y delicados dedos largos cubiertos de brillantes, que frotaba seductoramente en su sedosa melena felina de azabache perfumado, extensa y abundante, con unos rizos casi imperceptibles, irguiendo altivamente su cuello de leona enamorada y soñadora.
Antes había extraído de un hermoso maletín ejecutivo de fino cuero negro, tono mate, primorosamente elaborado, una carterita mediana del mismo color y la misma textura, de la cual sacó un tiquete de viaje, impecablemente conservado, que mostró al ayudante para comprobar el pago del pasaje. Después guardó la carterita y abrió una agenda de tapas café oscuro con letras doradas impresas y hojas curuba, con caracteres sepia. Cometí la indiscreción de mirar sin que ella lo advirtiera los apuntes y direcciones escritos, y vi que anotó algo.
Era, sin dudarlo, una ejecutiva de ventas, quizás visitadora médica o representante de una prestigiosa distribuidora de productos de farmacia.
Debo confesarlo, pues no puedo negar que comenzó a inquietarme desde el mismo momento en que tomó el asiento delante del mío en el autobús. El puesto elegido por mí estaba más alto unos veinte centímetros y desde allí dominaba mejor el panorama.
También debo admitir que cuando a uno comienza a morderlo la andropausia entra sin mayores esfuerzos a estos trances y yo ya pasé de cuarenta años. Ayer precisamente cumplí 44 ruedas como dice un conocido locutor deportivo barranquillero, de apellido alemán, de nombre Mike Smulcson.
Donde quiera que esté es a no negarlo una mujer exuberante, con 1.70 de estatura, un estilizado cuerpo, piel morena como la de Gabriela Clavocanela que cita en su novela del mismo nombre el brasilero Jorge Amado. Con un perfil árabe y una sonrisa permanente, cejas negras intensas, con líneas perfectamente demarcadas en arco y unas pestañas largas y espesas que acentúan su mirada sensual, fulgurante, oscura, penetrante, adornada de una eterna sonrisa en sus labios carnosos y salvajes, que la hace más bella e interesante.
Se volvía a pasar una y otra vez los bellos dedos largos, sus delicadas manos femeninas 500 por ciento, introduciéndolas una y otra vez como en un rito repetido, lo cual le daba un resplandor entre erótico y tierno.
Iba vestida con falda ancha de tela suave con arabescos verdes matizados con otros colores fosforescentes, entre ellos el rojo, con fondo turquí, suéter negro, aretes largos de ónix y oro macizo de buena filigrana.
Se recogió el cabello sobre su cuello de ángel trigueño escapado del paraíso. Sin que ella lo advirtiera comencé a desearla y a hacer fuerza para que sus hermosas piernas de Diosa, cubiertas por la falda, con una abertura sugestiva, se movieran un poco para poder siquiera observarle parte de su piel excitante, fresca y luminosa de color miel y sabores y olores imaginados por mi mente de criatura perversa, que ya empieza a mostrar el descaro aberrante de la estación estival.
De todos modos me quedé con las ganas y ella sin darse cuenta siguió el viaje, impasible, con sus caderas redondas de curvas peligrosas, hacia un destino de carnaval incierto, mientras yo me quedé, para poder disfrutar sin fantasías eróticas, de la agradable compañía de ustedes en este carnaval de verdad, que comienza mañana.
Escrito hoy 18 de febrero de 7:30 a 9:00 de la mañana, en el Bus 728 de Expreso Brasilia en la ruta Montería-Chinú.
Nota: Leído en el Colegio Nuestra Señora del Carmen en un evento cultural.
Chinú, febrero 18 de 1993.

HISTORIA DE TAKASUÁN

HISTORIA DE TAKASUAN

Por: RUBER BURGOS ALVIS

El entorno natural de los zenúes está compuesto de agua, de cerros y de valles.
Su personalidad pertenece al misterio; su espiritualidad, al reino indescifrable del mito y la leyenda. Su cultura es anfibia y musical. El hombre zenú aprendió música en la sordina melodiosa y quejumbrosa de los ríos. Su talante es guerrero. Sus hembras son hermosas y febriles. Se familiarizó desde tiempos remotos con rústicas trompetas vegetales. Gaitas cabezae'cera. Con pitos traveseros que atrapaban el canto de pájaros salvajes y el rugido tempestuoso de las fieras en celo suavizaba la ira enceguecida de sus dioses tutelares. Después le llegó la edad de los metales.

Una figura precolombina antropomorfa de tumbaga, de un músico zenú tocando gaita larga encontrada en Ovejas, que hace parte de la composición de la portada de la revista Gaceta Cultural de Sabanas No.4, junto con una fotografía de la Ciénaga de Tofeme, Caimito y el Cerro Corcovao, que se encuentran situados en la región del Finzenú, bastante cerca del centro ceremonial de Takasuán y de la región del Panzenú del Norte, cuya capital es Jegua, a orillas del Jegú, nos demuestran las aseveraciones del principio.

En la región de las Sabanas de Takasuán, en los playones del Jegú o Xegú, como llamaban los nativos al río San Jorge, predomina la arquitectura del comején: gran variedad de túmulos se encuentran a lo largo y ancho de toda su extensión. Se asemejan, desde lejos a los menhires y dólmenes del período megalítico. Son majestuosos e imponentes como el templo del sol de la ciudad maya de Chichén Itzá y tienen la forma geométrica de las pirámides de Tenochtitlán y la precisión la cronométrica del calendario azteca para registrar el tiempo y el clima meteorológico, todo lo cual estaba al servicio de la pesca, la caza, la agricultura y los ritos religiosos.

Nuestro indio Finzenú, de linaje Zenú, tenía la sabiduría de los egipcios y la altivez de los Caribes y los Incas. Era pariente de los Muiscas o Moscas, que hacían parte de la gran familia Chibcha. La maestría del Quimbaya para hacer maravillas con el oro. Era un hábil tejedor de mantas y hamacas. Quizás nunca sospechara que uno de sus descendientes confeccionaría casi frisando el siglo XXI y a 500 años del Descubrimiento, la polémica hamaca que un nóbel de literatura de amerindia usara en la portada de un libro llamado El General en su Laberinto.

Por datos históricos confirmados sabemos que el territorio Zenú al arribo de los conquistadores en el siglo XVI, estaba dividido en tres provincias: FINZENU, que
involucraba el Valle del Sinú hasta los Montes de María, en la Serranía de San Jacinto, en el Departamento de Bolívar, y era el centro ceremonial y funerario; PANZENU, que comprende el valle del San Jorge hasta su desembocadura en el Magdalena, y en el Brazo de Loba constituía una zona de explotación agrícola, pesquera y de cacería; ZENUFANA, los valles del Bajo Cauca y Nechí, sede del poder gubernamental.

Es posible que los españoles oyeran a los urabaes utilizar el nombre de Finzenú para referirse a los habitantes del Oriente y a los lugares en que vivían.

Finzenú se levantaba cerca de la Ciénaga de Betancí y constituía la capital del populoso valle del Sinú. Ciudad famosa, parece que disfrutaba de cierta importancia religiosa, y ante la Conquista era la más grande y la de mayor número de habitantes de la región, nos dice Gordon. "El pueblo principal (Finzenú) era el más crecido, lúcido, y bien poblado de cuantos había doscientas leguas de contorno", cita Simón en sus Noticias historiales de las conquistas de Tierra Firme en las lndias Occidentales, basándose en Juan de Castellanos.

"Los españoles se sorprendieron con la organización de Finzenú y Ayapel.... En Finzenú habia dos tipos de casas. Aproximadamente veinte, de grandes dimensiones... Estas moradas llamaron la atención de los conquistadores porque "habian sido hechas casi con la misma organización y de la misma forma" que las del país de los españoles. El piso era de tierra y los habitantes dormían en hamacas. En Finzenú residía una cacica y su corte. Los habitantes de los numerosos poblados del Valle del Sinú eran sus vasallos. Según parece, la posición de la cacica de Finzenú tenía alguna connotación religiosa. No se consideraba apropiado que ella pisara en el suelo desnudo, y cuando se rescostaba en la hamaca las dos sirvientas más bonitas de su casa se acostaban en la tierra, con el rostro para abajo, de manera que la cacica pisara sobre ellas al subir o bajar de la hamaca. El piso por donde caminaba estaba siempre cubierto de pasto. El hermano de la cacica Finzenú era quien gobernaba en Zenufana, pero él, al igual que sus vasallos, le rendía pleitesía. En una de las esquinas de la plaza se levantaba el templo, tan espacioso que podía alojar a más de mil personas. En el interior había veinticuatro figuras de madera tallada con formas humanas, recubiertas con láminas de oro y cada una con una diadema del mismo metal. Dos de estos
gigantes de madera se levantaban cara a cara y sobre sus espaldas sostenían una vara; de esta vara colgaba un hamaca en la cual se depositaban las ofrendas de oro, "tan gruesos y aún más que los de más vieja montaña....eran hobos los más y ceibas" —anota Simón— . Campanas de oro colgaban de las ramas por medio de hilos, —sigue diciendo Gordon—, apoyándose en los cronistas de Indias.

"El cementerio más grande se hallaba situado en Finzenú y allí enterraban a los miembros más importantes de la comunidad, aunque fuese necesario llevarlos desde lugares distantes... Pronto los invasores españoles descubrieron que era costumbre de los zenúes colocar tesoros en los enterramientos o cerca de éstos, y allí encontraron oro en abundancia"(Gordon) .

"Los más importantes señores de los otros dos Zenúes (o sea, Panzenú y Zenúfana) se enterrásen en este Zenú (o sea, Finzenú) de su hermana (la hermana del Cacique de Zenúfana) con todo el oro con que se hallásen a la hora de la muerte según su costumbre" —Fray Simón. Nota = Simón recalca el hecho de que Heredia encontró armas españolas en el Fínzenú y sugiere que éstas fueron tomadas a los miembros de la expedición de Francisco Becerra, a quienes los Zenúes asesinaron en 1515.

La tan mencionada cacica del Finzenú, no era otra distinta que la Gran Cacica Tota que tenía su sede en lo que hoy es Chinú, en la región conocida con el nombre de Takasuán, y los habitantes aborígenes de este contorno no eran otros que los Chenúes, que iban cada cinco lunas a adorar y ofrecerle tributos, con Tota a la cabeza, lo mismo que lo hacían los demás caciques del Imperio Zenú y de todo el Finzenú, al Gran Señor de Takasuán, cuyo asentamiento se encontraba en lo que es en la actualidad Galbao y Carbonero, donde estuvo situada la Villa vieja de Takasuán, o de San Benito Abad, fundada• en 1669, más de un siglo antes de ser trasladada o refundada por Antonio de la Torre y Miranda, el 5 de noviembre de 1775, de donde partiría para reorganizar a San Rafael de Chinú el 22 de noviembre del mismo año, reubicando 300 familias y 1845 personas, no sin antes haber refundado a San Francisco de Sincelejo el 21 de noviembre , o sea, el día anterior, para seguir luego a tierras del cacique Sajú en Paloquemao y refundar a San Juán de Sahagún el 7 de diciembre. Bien sabido es que a Chinú lo descubrió en 1534 el adelantado Don Pedro de Heredia, cuando era una aldea indígena; que su hermano Alonso de Heredia volvió en el año de 1535; pero que ya en 1515 había sido asesinado por envenenamiento Francisco Becerra con su expedición procedente de Santa María La Antigua del Darién, por encargo de Pedrarias Dávila, habiendo dejado esta expedición el contagio de varias enfermedades que fueron diezmando la población, todo lo cual registra en sus informes, asombrado el propio Pedro de Heredia.

Recuérdese que Gordon nos dice al principio que "es posible que los españoles oyeran a los urabáes utilizar el nombre de Finzenú para referirse a los habitantes del Oriente y a los lugares donde vivian".

Las relaciones escritas por Pedro y Alonso de Heredia hablan de otras dos provincias Zenúes importantes: Catarapa, por los lados de Tolú y sus costas marinas, y Mexión, por las Sabanas donde hoy se encuentran los pueblos de San Andrés, Chinú y Sampués hasta Sincé, con posible extensión a Takasuán en el río Jegú.

Don Pedro de Heredia (fundador de Cartagena) avanzó en 1534 desde Calamarí por los Montes de María para descubrir el Finzenú.

El ansia de oro lo llevó a proseguir más hacia el sur: Faraquiel y Betancí y sus templos, sin torcer al oriente por donde habría llegado a Jegua.

Sin embargo, pudo ocupar con relativa facilidad las provincias sabaneras de Mexión y Catarapa, donde poco después su hermano Alonso, fundó la Villa de Tolú (1535). En 1536 (Alonso) conquistó al Panzenú de Yapé, cuya capital, conocida después como Ayapel impresionó a los conquistadores, y en honor del santo batallador del caballo y el dragón que les dió la victoria, aquel día bautizó la amplia corriente de agua que bordeaba la ciénaga de Yapé. Se llamaría en adelante, Río San Jorge y no más Jegú. El 3 de marzo de 1537 fundó La Villa de Santa Cruz de Mompox, haciendo de esta Villa una reminiscencia de pueblos andaluces con vistosa plaza y grandes casonas y la convertirían en Fuerte Militar y sede del gobierno colonial más importante de toda la región.

El proceso histórico natural que muestra la formación Social colonial y el modo de producción señorial americano sobre las ruinas del lmperio Zenú, no presenta muchas diferencias con lo ocurrido en otras partes de América.

Aparecen los mismos mecanismos de dominación: la violencia de la conquista, la ocupación territorial, la encomienda, el reclutamiento de indígenas, la esclavitud, la reducción, el resguardo de indios, la fundación de villas y parroquias de blancos, el cabildo de vecinos, la doctrina, los hatos, el tributo, la boga, el servicio personal y el concertaje.

Las crónicas de los padres Simón y Aguado dan indicaciones rápidas sobre la existencia de tres provincias "Zenúes": Panzenú, Finzenú y Zenúfana. De tal modo que, en mi opinión personal, Catarapa y Mexión no fueron más que asentamientos tribales de menor importancia que hacían obviamente, parte del Finzenú, y que la comunidad Mexión estuvo situada más bien en lo que hoy es San Andrés y en jurisdicción de la vereda de Las Cruces, ésta si, en jurisdicción del actual Chinú.
Hablan también las citadas crónicas de riquísimas sepulturas indias de la región; la forma triangular de sus pueblos, la bella orfebrería, los cacicazgos masculinos y femeninos; las creencias animistas; costumbres, prácticas, vestidos, deidades, lenguaje, la sexualidad y la siembra, la matrifocalidad de las familias.

La Cultura Zenú debió en todo caso, ser muy avanzada, si se juzga por los restos arqueológicos, y la calidad de su cerámica y la bella orfebrería, además de los impresionantes canales de riego y pesca y los camellones de siembra que dejaron sobre la cuenca del río Jegú en los caños de Rabón, Carate, Cuiba y San Matías, incluidos en el resguardo de Jegua.

Chinú, fue centro artesanal importantísimo en la rama de la cerámica, que todavía se trabaja en el corregimiento de Flecha - Sevilla y en un sector del barrio denominado "Tiesto", en zona urbana, cerca. del polideportivo o parque de San Simón .

En cuanto a la matrifocalidad y la posición de la mujer en el aspecto social de los Zenúes, observemos las siguientes notas: "Las mujeres Zenúes ocupaban una posición social predominante, y parece que además disfrutaban de una libertad poco común; en las crónicas, incluso en la más temprana, se encuentran comentarios aquí y allá sobre ellas: "Son de las (más) hermosas y amorosas que yo he visto"; "gallardas y dispuestas" —Gordon citando los cronistas.
Posiblemente la cultura de los zenúes era sibarítica y femenina en gran medida"; Spinden, "The Archoeology of the Northern Andes"(l 939).

Muchos investigadores niegan la existencia por estos contornos del Finzenú, del Gran Señor de Takasuán o Gran Cacique Takasuán, —para entenderlo mejor—, por el contrario, se refieren con mucha frecuencia al Cacique Chanú, que otros también niegan, pues, se sabe con claridad histórica que aquí reinaba Tota.

Si nos atenemos a Fernández de Oviedo, citado por José Rosso G., en el trabajo "La Comunidad en la Sociedad Muisca", que hace parte de la recopilación publicada con el nombre de "Ensayos Marxistas sobre la Sociedad Chibcha" (pag.76), quien nos dice: "Aquí la tierra se divide en provincias y valles y cada señor y valle tienen el mismo nombre" ya que los pueblos aborígenes en América tenían antes de la Conquista, más o menos el mismo tipo de organización social, no se puede poner en duda la existencia del uno ni del otro: Takasuán tenía el mismo nombre que correspondía a su comarca, más si era una especie de sacerdote encargado de los oficios ceremoniales, y Chanú o Chenú, señor de Los Chenúes, podía ser posiblemente el marido de la cacica Tota; más aún si observamos que entre hombres y mujeres en estas tribus había una especie de equivalencia y no existía ningún tipo de superioridad por razones de sexo.

Recordemos que a Tota, hasta el hermano, cacique de otra provincia Zenú, le rendía pleitesía.

Para sustentar en parte, lo concerniente a la existencia de Takasuán y la región de Takasuán, leamos un aparte del libro de Fals Borda "Resistencia en el San Jorge" (pag. 61A y 61B): "Fue un gobernador de la provincia de Cartagena, el maestre de campo Benito de Figueroa y Barrantes, quien tomó la decisión de efectuar la nueva fundación de avanzada blanca en el Mexión. En 1669, un año después de su nombramiento como gobernador y luego de vencer las resistencias de los cabildos de Tolú y Mompox, escogió un sitio que pensó adecuado, al sureste de Sincé, donde hoy se encuentra el caserío de Carbonero (Municipio de Chinú), a unas seis leguas de la Ciénaga llamada de Doña Luisa y pueblo indio-zambo de Takasuán.

Aquí en Takasuán, había seguido funcionando subrepticiamente el templo de la deidad, mitad hombre, mitad mujer, Ninha-Thi, ahora disimulado en una burda capilla con techo de palma que visitaban con frecuencia, como una extensión de las fiestas de la Candelaria, los miembros de la cofradía de Jegua... La sabana de Carbonero es algo seca y estéril, pero el gobernador insistió y promovió la reunión de vecinos dispersos por allí... Esta fundación se realizó en Carbonero, vereda situada a seis leguas del actual sitio del pueblo. Por dificultades diversas no prosperó allí, hasta cuando el Teniente Antonio de la Torre y Miranda, en desarrollo de tareas de repoblamiento ordenadas por la corona española, hizo el traslado definitivo en 1775". (Antonio de la Torre y Miranda, Noticia individual de las poblaciones nuevamente fundadas en la provincia de Cartagena - Santa María, España, 1794).

La región del gran Señor de Takasuán era la parte ceremonial y funeraria del Finzenú.(Léase "El Ultimo Rito del Cocuyo" de Manuel Huertas Vergara, en la Revista AUDES No.6, Año 1982, pag.4, y Los Zenúes, pag.2 de la misma revista, tomada del libro Monografía de Sincé del Dr. Lorenzo Ulloa González).

Luis Striffler nos dice en su libro “El Río San Jorge”, escrito en 1880:
“El nombre de Takasuán es indio y parece significar “Ciénaga de los suanes”...Este último nombre es de un árbol muy frondoso de cuyas ramas cuelgan raíces que al principio se asemejan a una cabellera muy larga y que con el tiempo se convierte en troncos muy corpulentos. El SUAN es también muy lechoso, Y sus frutas son higos casi microscópicos que tienen el mismo sabor de los higos y son por consiguiente, comestibles...”.

De la revista Gaceta Cultural de Sabanas No.4, extractamos:
"EL RlTO DEL COCUYO" (fragmento):

El Cacique Takasuán (San Benito) entraba recubierto en polvo de oro a las aguas de cholen-Guichoa y hacía soltar en el plenilunio de mayo a miles de cocuyos heraldos para recibir a la Madre Luna que traía con su cara verde las primeras Iluvias"

En nuestro trasegar por la afirmación de nuestra identidad cultural, en mayo de 1984, fundaron conmigo El Grupo de Investigación, Arte y Literatura denominado "Grupo Takasuán" Jorge Otero Martínez, Gabriel Cruz Diaz, Milton Otero, Julio Ruiz
Miranda, Jorge Luis Otero Montiel, Reynel Díaz, Carmelo Ruíz Villadiego y otros amigos. El lema de distinción fue o es: Cultura-Ecología-Civismo, su símbolo, las águilas gemelas del Gran Cacique Takasuán y su órgano de difusión: el semanario Takasuán, que lleva hasta ahora 4 números publicados, por razones financieras.

Por guardar relación con el tema de la Conquista, finalicemos con la lectura de dos poemas refrescantes:

Hace siglos extraños personajes
con frágiles navíos de madera
anclaron aquí sobre la arena
y adoraron a Dios...

Gerónimo Osiris (Víctor Alvis).

1
Al principio eran salvajes
pero felices
nada les preocupaba entonces
La tierra, el cielo y el mar
les pertenecían
pero un día el mar los traicionó.

2
Cuando emergieron de las aguas
los nativos se sorprendieron
unos creyeron
que habían bajado del cielo
Otros
que eran productos del mar
y los menos
diablos expulsados del infierno
Resultó siendo verdad
lo que creyeron los menos

3
Desde la playa
las indias les mostraron las panochas
y un huracán de bestias
se estrelló sin freno en la manigua
Como diablos resueltos las corretearon
y muchos gritos de sexos taladrados
se escucharon
A los nueve meses
ya habían otros hombres en la playa

4
Aqui
Conquistador es un Don Juan
burlador de indias
aventurero
y pendenciero
armado hasta los dientes
chorreando sifilis por el falo

Jose Manuel Vergara Contreras
Libro: La Patria Boba.

Montería, Octubre 6 de 1992

Bibliografia:

B. Le Roy Gordon, EL SINU, Geografia Humana y Ecologia. Carlos Valencia Editores.
Revista AUDES Nos. •1 y 6
Gaceta Cultural de Sabanas No.4. Dirigida por Arq. Manuel Huertas Vergara
Orlando Fals Borda: RESlSTENClA EN EL SAN JORGE y RETORNO A LA TIERRA
Invcstigacian Individual. (Ruber Burgos Alvis)

EN BUSCA DEL TIEMPO PERDIDO

EN BUSCA DEL TIEMPO PERDIDO.

Por Rúber Burgos Alvis.

Quizás sea un desafío para los sentimientos introducirse en la máquina del tiempo para buscar recuerdos sin que nos asalte la nostalgia. Es algo inevitable.

Empecemos por decir que a mediados de los años sesenta, si no nos falla la memoria, Claudio Naranjo Flórez (Machalo), un gran visionario para los negocios, que llevaba la música por dentro, asociado a un grupo de empresarios naturales, trajeron por primera vez a Chinú, con el propósito de inaugurar la incipiente caseta popular “El Tamarindo” la agrupación musical “Antolín Lenes y su Combo Orense”, con fama a cuestas y ostentando Disco de Oro, por sus recientes éxitos La Tabaquera, Sonia, La Aventurera y otros, vocalizados prodigiosamente por Lucy González y Carmen Bedoya (invidentes); números éstos que serían internacionalizados poco después por Cheo García con el respaldo de la orquesta Billo’s Caracas Boys, de la hermana república de Venezuela. Este sería el punto de partida en materia de espectáculos bailables.

Se entraría posteriormente a competir en las festividades novembrinas con la caseta Palacé, de Carlos Sierra. A Sincelejo llegaría la Mataecaña, cuyo animador oficial era el inconfundible Sady Rojas. Era la época de apogeo de Alfredo Gutierrez, Lucho Bermúdez, Pacho Galán, Pello Torres, La Casino Tropical, Lisandro Meza, Calixto Ochoa, Los Corraleros de Majagual, Los Graduados del loco Gustavo Quintero, Aniceto Molina, Rubén Darío Salcedo, William Molina, Julio de la Ossa, y la Armonía San Rafael de Chinú, también recién premiada con Disco de Oro

II

A principios de 1971, en trance de empresarios novatos del espectáculo, constituiríamos con mi hermano Fredy, y el respaldo financiero del Club Gallístico – Caseta El Tamarindo, la firma, “Organización Hermanos Burgos Alvis”.

La Primera Feria Regional del Gallo Fino estuvo amenizada por Toño Fernández y Los Gaiteros de San Jacinto, los más auténticos juglares de las antiguas sabanas de Bolívar, quienes ya contaban en su haber con una gira realizada por la Unión Soviética y varios países europeos, con el Ballet Folklórico de Delia Zapata, en compañía de su hermano Manuel Zapata Olivella, médico, escritor y antropólogo de reconocido prestigio.

La fiesta patronal del 24 de octubre contó con la presencia de Aníbal Velásquez y su conjunto, la Banda Armonía San Rafael y el Negrito Enrique Díaz, el del Rico Cují, en piqueria improvisada con Rúgero Suárez.

Aníbal, “El Mago del Acordeón” como le llamara Luis Enrique Martínez, volvería nuevamente el 22 de noviembre de 1971, con su hermano José Velásquez (Cheíto); Juan Bautista Serrano (El Pato) en la batería; Fabriciana Meriño (Faby), única mujer interprete del acordeón en ese entonces, oriunda de El Molino, departamento del Cesár.

III

Más adelante, otros empresarios contratarían a Alfredo Gutiérrez, Los Betos, Los Hermanos Zuleta.

En 1974, Jairo Fuenmayor traería a Pedro García y Los Cañahuateros a la Caseta Vendaval, cuyo nombre fue tomado de una telenovela donde actuaba el samario Franky Linero, como Míster Strange, referente a los sucesos de la zona bananera, que copaba sintonía en ese entonces.

Creemos necesario contar estos antecedentes a las presentes generaciones, pues de cualquier manera fueron incidiendo en la dinámica social de nuestras costumbres y ambientando nuevas posibilidades, hasta llegar en 1984, con ocasión de los 450 años, a la fundación del Primer Encuentro de Acordeoneros y Compositores, que en este año 2002, consolidado como uno de los mejores festivales de Colombia, llega a su XIX versión, dedicada al Departamento de Córdoba en su 50 Aniversario.

Este año, el festival ha querido abrir un amplio espacio para hacerle un merecido reconocimiento a Aníbal Velásquez Hurtado y su conjunto, un artista y una agrupación que están metidos desde hace mucho tiempo en el corazón de los chinuanos, quienes con su abundante repertorio de canciones han divertido por más de 45 años a numerosos públicos del país y el exterior.

IV
EVOCACIONES.
A manera de ritual, hagamos un ejercicio de evocación: Han pasado más o menos seis lustros. Estaríamos cruzando el umbral de los 20 años. Era noviembre y había fiesta de toros en el pueblo. Eramos idealistas y románticos. Con la sensibilidad a flor de piel. Un tropel incontenible se desparramaba en los alrededores de la plaza. El cielo estaba diáfano y azul, sin embargo, se percibían brisas de lluvia. El sol brillante anunciaba un día seco. Apenas envidiable para la faena de la tarde. No obstante, el mayor interés de la gente se centraba en el programa nocturno en la caseta. No había por qué extrañarse. Volvía Aníbal Velásquez, que a decir verdad se convirtió desde su primera presentación en un ídolo indiscutible para los lugareños. Su dominio y el de Faby en la digitación del acordeón eran innegablemente magistrales; el Pato Serrano era un baterista endemoniado, la vocalización de Cheíto Velásquez y en fin, toda la armonía y la sincronía del grupo habían cautivado al público, contaban con verdaderos seguidores. La amplificación de sonido: una especialidad. Estrenaba su tan anunciada “Acordeón – Voz”, traída del país del sol naciente, con la última tecnología japonesa y un teclado electrónico, en un escenario excepcional: La Caseta “El Tamarindo” (instalaciones del actual Colegio Juan Jacobo Rousseau). El arribo, en horas del mediodía, de una buseta de lujo de Empresa La Costeña, hizo vibrar de contento a todo el mundo. Llegaba procedente de La Arenosa. El gentío se olvidó de los toros y siguió a los artistas hasta el Hotel y Restaurante Roma, el mejor del momento, de los sinceanos Héctor y Jairo Fuenmayor, parientes cercanos de Alfonso y José Félix, los del célebre Grupo “La Cueva” de Barranquilla, que acompañó a García Márquez en sus inicios de escritor. Como era de esperarse, por la noche la caseta se llenó a reventar. Las parejas apretujadas se transmitían la voz del corazón bajo el éxtasis hechizante del amor con su mejor repertorio de canciones. Entre ellas: Felicidad, Rondando Tu Esquina, Hace Tiempo, Navidad, Faltan Cinco Pa’ Las Doce, La Vieja Cachiporra, El Perro Zapato Blanco, Guaracha en España, El Turco Perro... y otras, que nos hipnotizaron hasta la madrugada del 23 de noviembre, fecha en que Faby se fue al cielo en un absurdo accidente acaecido en Loma de Piedra, sitio empinado, lleno de curvas peligrosas, muy cerca de Turbaco, llegando a Cartagena. Todavía nos está doliendo su partida...(!).
Chinú, octubre 21 de 2002.

Pie de foto
José Velásquez, Anibal D’ Luys Polo y Faby Meriño (q.e.p.d.) primera mujer acordeonista, oriunda de El Molino – Cesár. Hacía parte de la agrupación de Aníbal Velásquez. Faby pereció el 23 de noviembre de 1971en un absurdo accidente.

De derecha a izquierda, Aníbal Velásquez, en pleno apogeo de su carrera artística, 1971. acompañado de Enrique Díaz, quien sostuvo una larga piquería con Rúgero Suárez. Fredy y Rúber, empresarios de la organización Hermanos Burgos Alvis. Tarima Caseta el Tamarindo.


De izquierda a derecha, Faby Meriño y Amparo Quiceno en un debut especial en la presentación de Aníbal Velásquez. 1971.


El magistral Toño Fernández, Mañe Serpa, Juan Lara y Catalino Parra,Nicolás Hernández, integrantes de Los Gaiteros de San Jacinto, amenizando la primera concentración gallística en el Club El Tamarindo de Chinú, en compañía del empresario de espectáculos Rúber Burgos Alvis. 1971.

Banda Armonía San Rafael de Chinú 1952. De pie: Héctor Bettín, Guillermo Vélez, Antonio Mendoza, Gregorio Arnedo, Pedro Arrieta, Miguel A. Moscote. Sentados: Guillermo Arcón, Rafael Nassiff (Zaléh), Leovigildo Díaz, Manuel (mane) Naranjo, José Simanca y Miguel Simón Naranjo (yaye). Esta banda fue partícipe de todas las presentaciones, alternando con todos los conjuntos que arribaban a Chinú, entre ellos Aníbal Velásquez, Alfredo Gutiérrez, entre otros. Alcanzaron disco de oro Phillips. Foto reproducida por Néstor Callejas Vega. Foto Estudio Centro.

El anterior material gráfico fue cedido por Rúber Búrgos Alvis.

EL MUNDO DE LAS CORRALEJAS

EL MUNDO DE LAS CORRALEJAS
Por Rúber Burgos Alvis

Finalizaron las corralejas en Garzones y las celebraciones enerinas de Sincelejo, y con ellas el 20 de enero de este año.

Por esto y por otras razones creo propicio recomendar a los monterianos, sincelejanos, cordobeses y costeños leer el libro de Juan Santana Vega EL MUNDO DE LAS CORRALEJAS a fin de que se formen una idea bastante aproximada acerca del ambiente enigmático, contradictorio, exótico y fantasmagórico de las corralejas, muy ligadas a nuestras costumbres y tradiciones.

El tema ha sido ampliamente discutido, pero la evolución histórica exige insistir una y otra vez en su análisis. Hay variedad de opiniones, concepciones, criterios; diversidad de intereses y razones, verdaderas o falsas , que tienden a justificar, defender, desvirtuar o terminar de una vez por todas con el espectro de estas fiestas.

No cabe la menor duda de que estos festejos ruidosos con algún ingrediente de folclor se han ido desdibujando y diluyendo con el paso del tiempo, que acarrea un cambio de mentalidad colectiva, un cambio de costumbres, hasta perder su carácter y sentido primigenio, que de una u otra manera le daban un toque de originalidad y autenticidad.

Con base en esa pretendida originalidad y autenticidad muchos han querido asegurar su continuidad y permanencia.

Es mentira de toda falsedad que perpetúan y afirman nuestra identidad, porque identidad es otra cosa.

Por los lares de las corralejas y en las aceras de sus cercos humanos merodean en las mañanas desiertas fantasmas zorombáticos que deambulan sin norte , después de resistir el uso, el abuso y el desuso que los reduce a la degradación y a la miseria... Los gananciosos son otros.

De ese deplorable estado de postración no se excluyen ni se salvan manteros, prostitutas, garrocheros, mancebos ni meretrices de cantina., ni ser humano que ceda a las tentaciones sin principio ni fin de ese submundo de los bajos fondos.

Toda esa barahúnda humana se revuelve y se revuelca en los rescoldos y en las ilusiones inciertas del amor y la esperanza. Todas esas pasiones revueltas giran trasnochadas en el vértigo denso de humosas madrugadas glaciales que calan los huesos de los espantajos itinerantes de las corralejas , que se alebrestan con los efectos alucinantes del alcohol y las drogas, y del mágico estímulo melódico y penetrante de bandas y acordeones, hasta transformarse en desveladas marionetas y en fantasmas insomnes, con sus pasos perdidos, con sus huellas borradas y el destino confundido en la maraña imbricada de la estupidez.

Allí, en esos escenarios dramáticos, quienes pierden los indicios de su trayectoria vital, quienes se embarcan en los carruseles de la incertidumbre, quienes se sumergen en el amasijo ilusorio de las seudocorralejas de la modernidad y del mercantilismo, se arriesgan a quedar negados para siempre en su individualidad... y en su ser.

Y no se piense que Juan Santana Vega, autor de EL MUNDO DE LAS CORRALEJAS, es un ser taciturno, trágico o melodramático.

Es todo lo contrario, Juancho, como le decimos los amigos, es irónico, sarcástico, mordaz, propietario de una sagacidad sin límites. Siempre está en disposición de despellejar a sus semejantes con una navaja de doble filo. Punzante como un estilete de tuareg... y es capaz de diseccionar un caballo o una tortuga carey si se le confía un bisturí.

Por eso quizás, se atreve a tocar en su libro situaciones y aspectos que otros esconden por temor. De verdad: EL MUNDO DE LAS CORRALEJAS es un libro revelador. En el universo de Santana Vega viven esos fantasmas de las corralejas y su mundo enigmático., los mitos vivientes de prostitutas y manteros., los fandangos y los toros famosos como el Chivo Mono y El Balay... El Barraquete, El Camarrenga y El Tapaetusa.

En su introducción nos cuenta el autor, con un dejo de nostalgia, que siendo apenas un niño de diez años...”cuando las corralejas seguían siendo vírgenes y no habían caído del todo en el mercantilismo”, su ser no era sino... “una exagerada curiosidad por saber de las vivencias de uno de los espectáculos más populares que cada año se realizan en los pueblos de la costa”...pero, que esos sentimientos de su infancia le duraron muy poco cuando vio por primera vez la “imagen purpúrea de un herido” y el “círculo de soledad” de un toro abandonado a su suerte, al que recuerda imponente y altivo...Era un animal hosco, fiero, y con lunares cenicientos en las ancas.

Pero es mejor adquirir y leer el libro, que fue escrito a fuerza de investigación y experiencias. Muy bien documentado e ilustrado con insólitas fotografías y otros recursos gráficos. Su edición estuvo a cargo de GRÁFICAS CORSA LTDA, de Germán Correa Sálleg, en febrero de 1986.

Por algo Juan Santana Vega se ha ganado el merecido y reputado nombre de “El Heminway del Sinú”, a pesar de que él dice con modestia que es...”un novato en estas vainas de la historia nuestra...” (!)

Montería, a orillas del Sinú feraz, enero 2l/27 de 1993.

—o—

Nota leída en la Sección Cultural del Programa 4ª.Opinión-Emisión Nº38-Miércoles 27 de enero de 1993, por Radio Panzenú y en el IX Festival de Literatura de Córdoba, en Cereté, diciembre 8 de 2001.
—o—

P.D. En la columna 4ª.Opinión-ORIENTACION CRITICA del Semanario PODER COSTEÑO-Página 4-Montería, diciembre 19 de 1992, fue publicada la siguiente nota: “EL MUNDO DE LAS CORRALEJAS- Nos comentó José Luis Garcés que el “best-seller” de Juancho Santana aparece citado como bibliografía de consulta en unas prestigiosas revistas españolas y mexicanas y que su autor las ha sudado debajo del brazo mostrándoselas a sus amigos...(?)”.

CASA DE LA CULTURA DE CHINÚ CREA PREMIO LITERARIO ORO DE GUACA

EN CHINÚ LA CASA DE LA CULTURA CREA PREMIO LITERARIO.
Por RUBER BURGOS ALVIS
Especial para El Universal .

El Grupo Takasuán y la Casa de la Cultura, en asocio del Colegio San Francisco de Asis y Colcarmen, han dado un paso importante para que las nuevas tendencias narrativas prosperen, en un lugar donde la actividad literaria es muy escasa.

Sabido es que desde hace largo rato, por falta de motivación y otras causas diversas, se ha perdido el interés por estas lides, en un pueblo con amplia y reconocida tradición cultural. Principalmente, en los establecimientos de enseñanza media.

Este certamen, que aspiramos institucionalizar anualmente, con carácter regional, viene a llenar un vacío impuesto por la rutina, la desinformación y la desorientación, que nos han conducido sin remedio a una obligada modorra, de la cual debemos sacudirnos y despertar para evitar cocinarnos en nuestra propia salsa y dejar de ser unos pobres seres perdidos sin brújula y sin horizontes definidos. Es hora de asumir esta responsabilidad.

Las modalidades de estas expresiones son, para comenzar, ensayo, cuento y poesía.

Los trabajo recibidos están siendo revisados por los jurados, entre los cuales se destacan José Luis Garcés, Soad Luis de Farah, José Manuel Vergara y Guillermo Valencia Salgado, escritores y poetas cordobeses de trayectoria y solvencia, con lo cual queremos darle seriedad, relievancia y estabilidad a este concurso.

La ceremonia de premiación se estará llevando a cabo dentro del marco de una velada cultural programada para el viernes 5 de junio del cursante año, en los escenarios del Colegio Nuestra Señora del Carmen, con asistencia de los jurados.

Por qué Oro de Guaca...?

Oro de Guaca es el nombre de la obra cumbre del poeta chinuano Luis Felipe Pineda Olascoaga, prologada por Rafael Maya y comentada por José Umaña Bernal, quien lo llamaba “El Píndaro de Bolivar”. Y porque, en sentido metafórico, no puede ni debe extrañarnos, sin pretendidas ínfulas, que en las nuevas generaciones, con solo escarbar a flor de tierra, logremos descubrir algún talento, que, literariamente hablando, resplandezca como una verdadera joya de dieciocho kilates, como el oro de guaca.


ACTIVIDAD CULTURAL EN CHINÚ.
La Casa de la Cultura del Municipio de Chinú, dentro de sus actividades para el presente año ha creado un importante premio literario, que tiene como objetivo incentivar las cualidades literarias de los jóvenes de esta región del departamento de Córdoba y de la región en general.

lunes, 15 de agosto de 2011

EDITORIAL(*)
FESTIVALES E IDENTIDAD CULTURAL
Por: Rúber Burgos Alvis.
Especial para EL UNIVERSAL


Han pasado veinte años desde aquél 20 de octubre de 1984, fecha del I FESTIVAL DE LA CANCIÓN Y ACORDEONEROS 450 AÑOS DE CHINÚ. Frescos aún en la memoria imágenes y recuerdos. “... No es fácil chicotear el tiempo, comprimir la historia y contarla en segmentos”, aseverábamos diez años atrás. Pero no puede ser de otra manera –decíamos-- . “Hay que intentarlo. Es necesario penetrar en los senderos escondidos del recuerdo. Recuperar imágenes y palabras. Recrear los hechos”. Diez o veinte años —efectivamente— no son muchos, pero sí suficientes para torcerle el rumbo a la vida, confirmamos hoy, cuando en el 2004 Chinú cumple 470 años de descubierto por Don Alonso de Heredia el 24 de octubre y el Festival llega a su vigésimo aniversario y a la versión XXI, oxigenado y fortalecido, con el nombre institucional de “FESTIVAL DE ACORDEONEROS Y COMPOSITORES” y con el eslogan: “Un reencuentro con Chinú”.

Es propicio el momento para hacer un balance por parte de actores y espectadores, centrado en los siguientes componentes:
1. Importancia y trascendencia del festival
2. Aprendizajes significativos o logros
3. Puntos críticos y propuestas

En el lapso transcurrido ha surgido en la región y en el país, y tomado fuerza, una encendida y apasionada polémica en torno a tendencias o escuelas musicales que debe resolverse, o por lo menos intentarse, de manera sana y conciliatoria.

Dicha controversia se inicia a partir del libro “VALLENATOLOGÍA” de Consuelo de Molina, publicado en 1973 y reeditado en 1978, en el cual clasifica, a su leal saber y entender tres escuelas: EL VALLENATO – VALLENATO, EL VALLENATO – BAJERO y EL VALLENATO SABANERO.

Sin querer terciar desde el principio en la discusión, para zanjar diferencias, de entrada transcribimos el siguiente párrafo de la nota de presentación: “Estas páginas no tienen pretensiones literarias ni intentan sentar cátedra sobre folclor ni crear dogmas acerca de la música vallenata, me he decidido hacerlas conocer por tres motivos para mí suficientes; PRIMERO: porque uno defiende siempre lo que más ama; SEGUNDO, porque la importancia y auge que tiene el vallenato actualmente no permiten mantenerlo más tiempo sin, por lo menos intentar una investigación sobre los orígenes, fundamentos y razones que lo crearon y lo mantienen; y TERCERO, porque después de permanecer largo tiempo investigando y reuniendo datos, pienso que no vale la pena dejarlos indefinidamente durmiendo en el cajón del olvido... Para que sirvan a otras personas más idóneas y mejor documentadas que los refuten y contradigan hasta cuando se haga luz total sobre la verdad completa de la música vallenata... Vallenatísimamente, Consuelo de Molina.”

Adolfo Pacheco Anillo, uno de los más grandes compositores de la costa del caribe colombiano aboga por el llamado “Vallenato Sabanero”, tipo de música de acordeón que se interpreta en lo que fue el antiguo departamento de Bolívar. El autor de El Mochuelo, El Viejo Miguel, La Hamaca Grande y otros éxitos plantea que la expresión musical “Vallenato Sabanero” lo que designa es una especie y no un género, como es lo que él llama “La Música de Acordeón”. Reconoce que la sabana ha asimilado mucho del vallenato auténtico y también ha hecho una gran contribución para que estas expresiones musicales en el acordeón le hayan dado la vuelta al mundo y hayan contribuido a la formación de la verdadera identidad costeña.

Ariel Castillo Mier, docente e investigador de la Universidad del Atlántico, en un ensayo titulado “CAMILO NAMEN: EL CANTO VALLENATO QUE SABE REIR” dice que “para los amantes, seguidores o la fanaticada del vallenato, en nuestros días distinguir la voz de un cantante o la rutina de un acordeonero se ha convertido en un problema casi insoluble: todos se parecen, se podrían intercambiar casi sin riesgos.”

Félix Carrillo Hinojosa, en un trabajo titulado: “EN QUÉ QUEDAMOS... ¿MÚSICA VALLENATA O DE ACORDEÓN” hace referencia a los aportes expresados por diversos autores en el libro “MOCHUELOS CANTORES DE LOS MONTES DE MARÍA LA ALTA” del filósofo san jacintero y profesor universitario Numas Armando Gil Olivera, en donde además de hacer un análisis sociológico de esa región caribeña, recoge los testimonios de dos creadores de la cultura musical colombiana como son: Adolfo Rafael Pacheco Anillo y Ramón Vargas Tapia (q.e.p.d.) más conocido como El Compadre Ramón”.

Finalizando su trabajo, Carrillo Hinojosa se va lanza en ristre en contra de Simón Martínez Ubárnez, Ariel Castillo Mier y el periodista Alfonso Hamburguer, autor del libro “EN COFRE DE PLATA”, reprochándoles algunas conjeturas.

Eduard Cortés Uparela en un correo electrónico dirigido desde Sahagún a “FLASH” (Edgar García Ochoa), un periodista de Colosó, con mucho prestigio en Barranquilla, hermano de Jorge García, refuta al periodista Daniel Samper Pizano y plantea que: “El vallenato sabanero no existe: existen la música sabanera y la música vallenata, con elementos y ritmos comunes, pero distintos en su ejecución”.

Humberto Mendieta, al leer el correo enviado a FLASH (quien se lo enseñó) escribió a Eduard Cortes: “No soy sabanero. Soy barranquillero, pero fundamentalmente costeño. Estoy de acuerdo contigo. El vallenato actual no aguanta mucho análisis ni juicios... los especialistas y folcloristas vallenatos andan avergonzados... pero más que una discusión de regiones y de origen .... es destacar a ese gran músico que es Adolfo Pacheco. “La Hamaca Grande es un himno”.

El historiador Julio Oñate Martínez, ratifica en su libro “EL ABC DEL VALLENATO” que “todo lo que se interpreta con el acordeón no es vallenato”.

Finalmente, como para cerrar la controversia, Adolfo Pacheco, en un extenso ensayo EN DEFENSA DEL VALLENATO SABANERO, titulado “ALEGRE SERENATA CON MÚSICA DE ACORDEÓN”, publicado en Lecturas Dominicales del diario EL TIEMPO, el 29 de abril de 2001, nos dice: “Pese a las pequeñas diferencias, juntos hemos construido un género musical que es orgullo de Colombia. Pero al contar la historia, la balanza, manejada por la prensa nacional, algunos estudiosos, expedientes y célebres escritores con muy pocas excepciones, han tenido la mala costumbre de inclinarse demasiado a un solo lado.”

El viernes 4 de noviembre de 1988, en el marco del V FESTIVAL DE ACORDEONEROS Y COMPOSITORES, se llevó a cabo a partir de las 9:00 de la mañana en las instalaciones del Colegio San Francisco de Asis, el FORO FESTIVALES E IDENTIDAD CULTURAL, organizado por la Casa de la Cultura de Chinú y la Oficina de Divulgación Cultural de Córdoba, dirigida por el investigador y sociólogo Víctor Negrete Barrrera, con el sano propósito de analizar los alcances de éste y otros eventos de la misma naturaleza que existían y existen en el departamento y la región, para difundir y afirmar las expresiones folclóricas del Caribe Colombiano.

Intervinieron allí, además de Negrete Barrera, quien habló de la necesidad de un Plan de Desarrollo Cultural, el Arquitecto e investigador sucreño Manuel Huertas Vergara (q.e.p.d.), que habló de Estrategias para conservar lo autóctono en los festivales; el médico sahagunense Carlos Buelvas Aldana, quien después sería Gobernador del Departamento de Córdoba, muy versado en asuntos relacionados con la música de acordeón; William Fortich Díaz, principal inspirador y fundador con otros del Festival del Porro en San Pelayo, habló acerca del papel de las bandas de música de viento; Guillermo Valencia Salgado (Compae Goyo) q.e.p.d., quien ofreció un recital y presentó su libro CÓRDOBA SU GENTE Y SU FOLCLOR. También los organizadores del certamen, del festival y el Grupo Takasuán.

Vemos este año con alborozo, que para el día sábado 30 de octubre está programado un Conversatorio Sobre La Importancia de la Música en el Concierto Nacional Y Regional a partir de las 10.00 am en la XXI versión del festival.

Proponemos nosotros que ese conversatorio lleve éste y los próximos años el nombre institucional de FESTIVALES E IDENTIDAD CULTURAL, que sirva como escenario para debatir sana y constructivamente todo lo relacionado con el tema, ventilar civilizadamente la polémica planteada acerca de si es vallenato o música de acordeón, invitar a investigadores reconocidos como los citados y seleccionar unos ponentes centrales especializados, dentro de unos ejes temáticos específicos sobre la materia, para situar en alto el nombre de Chinú y su Festival.

Decíamos al principio que es propicio el momento para hacer un balance acerca de la importancia y trascendencia del festival en sus 20 años de existencia. Pensamos y creemos que nadie más apropiado para hacerlo que sus protagonistas, opinión pública incluida.

Sin embargo, es oportuno reconocer que el festival, al margen de personas, errores y aciertos ha aportado valiosas experiencias, dimensionando a Chinú y sus moradores más allá del concierto regional y nacional, todo lo cual ha sido posible gracias al esfuerzo, consagración y tenacidad de quienes han hecho y hacen posible, año tras año, la celebración de uno de los mejores eventos en su género en el país.

Chinú, Septiembre 1 de 2004. (*) Revista XXI Festival de Acordeoneros y Compositores de Chinú.