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¡A Santiago Colorado, para siempre!
GUSTAVO TATIS GUERRA 16 de enero de 2019 12:00 EL UNIVERSAL
Seres
como Felipe Santiago Colorado (Santuario, Caldas, 30 mayo de 1922-
Cartagena, 15 de enero de 2019), nunca morirán, más allá de cumplir el
designio inexorable. Un soplo de vida, de sabiduría y humanidad, de
infinita generosidad, seguiremos respirando con solo recordarlo.
Él abrió caminos a la vida cultural, a la vocación literaria y la agudeza crítica de las artes en la Cartagena de los años cuarenta, cincuenta, sesenta, setenta, ochenta y al cierre del siglo veinte. Era el más antiguo columnista del diario El Universal. Conoció la sabia y serena prudencia de Clemente Manuel Zabala, la convicción política liberal de Domingo López Escauriaza, la inteligencia instantánea y magistral del cronista Alfredo Pernet Morales, y puso al servicio de las nuevas generaciones su conocimiento, al fundar en los años ochenta el Taller Literario Candil, en la Universidad de Cartagena, en aquellos sábados que fueron los mejores de nuestra vida y, tal vez, los mejores de Cartagena en el Claustro de San Agustín, porque en aquellos sábados se gestó una generación de escritores, intelectuales, creadores en general, que señalaron un hito en la historia cultural de Cartagena. Vuelvo a imaginar a Santiago Colorado como un patriarca feliz, lleno de generosidad y humanidad, humor y memoria poética, abriendo puertas en una ciudad que aún parecía un convento cerrado o una inquisición sin clausurar. Se graduó en la Normal de varones de Manizales. Dirigió la Escuela Central de Santa Rosa de Cabal. “Su amistad y acogida en el Café Colombia, no cabía en el sitio”, me dice Lucho Porras, al evocarlo en esta mañana de duelo. “Era un hombre rotundo en su decir y sin ambages en el pensar. Con su desparpajo de caldense trenzaba historias y anécdotas desde la creación del mundo, con su gracia de maestro, sin pretensiones de saberlo todo”.
Epílogo
En
el mediodía del sábado, el profesor Colorado nos pregunta a cada uno si
tenemos dinero para el regreso a casa. Nos invita a almorzar y a beber
unas cervezas en el café. Es como un padre demasiado amoroso que está
pendiente de nuestros pasos. A lo largo de la mañana ha hablado de
Homero y Sócrates. La vida, el amor y la muerte, han sido sus obsesiones
en sus conversaciones. Sonríe para siempre en nuestro corazón.(A Delia, luminosa esposa, Adela y Delia Antonia, hijas maravillosas y tribu de nietos). |
miércoles, 10 de junio de 2020
viernes, 8 de noviembre de 2019
DETRÁS DEL ROSTRO: PREMIO ESSO 1962 UNA NOVELA DESCONOCIDA DE MANUEL ZAPATA OLIVELLA - Publicada en el diario EL HERALDO - Barranquilla, Domingo 9 de abril de 1989
“Detrás del rostro”, premio Esso 1962
UNA
NOVELA DESCONOCIDA DE MANUEL ZAPATA OLIVELLA
Por RÚBER BURGOS ALVIS
“Si se dejara a los psicoanalistas aplicar la
ley para aceptar una sociedad justa y equitativa, tendrían que castrar a la
totalidad de los seres humanos o dejarla corrompida, viciada de exageraciones
sexuales (…) Mi Freud son los códigos…”
.
Esta expresión despectiva de un juez ortodoxo,
despótico y extremadamente conservador, encargado de administrar justicia en un
reformatorio, es contrapuesta al doctor Jáuregui, un psicoanalista del Departamento
de Psiquiatría del mismo establecimiento, cuando éste último, con tesis
novedosas, pretende demostrarle que: “Reacondicionar sus mentes (las de los
menores) no es obra de media hora ni de
un año, si no que se necesita, señor juez, el esfuerzo conjunto del
psicoanalista, del hogar, de la sociedad, para reajustar esa personalidad
salida de madre, acondicionándola a una vida de productividad social”.
II
El doctor Jáuregui es el personaje alrededor
del cual gira y se desenvuelve el argumento de la novela “Detrás del rostro” , Premio Literario Esso 1962, del escritor
costeño Manuel Zapata Olivella; un “incunable” casi desconocido que tuve la
suerte de tropezar y desempolvar en una vieja estantería de la Casa de la
Cultura de Chinú, y que no figura en la lista de las obras escritas y
publicadas por el autor, lo cual resulta bastante curioso.
Es un
texto de ciento sesenta páginas, impreso en España por Gráficas Orbe, con el auspicio de Esso
Colombiana S.A., y Ediciones Aguilar-Madrid, 1963.
Indudablemente, el doctor Jáuregui - el
psicoanalista de la novea- es el mismo
Zapata Olivella. A través de este personaje, el escritor, nacido en Lorica
(Córdoba), el 17 de marzo de 1920, transmite sus propias experiencias al
lector.
Experiencia vivida en sus primeros años de
médico recién egresado de la Facultad, pues, husmeando un poco en su biografía
encontramos que en el año de 1948 se desempeñó como practicante residente en el
Hospital Psiquiátrico de Mujeres, en Bogotá.
Más, si observamos que la obra referenciada
tiene un trasfondo psicológico, como ya viene dicho, permitiéndose demostrar en
ella cierto dominio de las técnicas Freudianas del psicoanálisis, sin ocultar
que llegó no sólo a manejarlas, sino que terminó apasionándose con estos métodos
modernos y revolucionarios para la época y el país.
Se nota, sin mucha dificultad, al avanzar en
su lectura, el espíritu crítico del autor, su estilo cáustico ante la realidad
social, a la cual no le hace concesiones; reflejándose de cuerpo entero el investigador,
el sociólogo, el antropólogo, el médico que es, sin lugar a dudas; todo lo cual
se debe a una gran dedicación y consagración de su parte, para no errar o errar
poco en los temas abordados, en la precisión de sus diagnósticos y en los
tratamientos acertados.
Estamos en verdad, frente a una novela corta,
que no por ello deja de encerrar un gran dramatismo que la encuadra en el
género de la novela urbana, cuyo espacio y tiempo están enmarcados en la
angustiosa Bogotá de los años de la violencia política recrudecida con el
asesinato de Jorge Eliécer Gaitán en 1948.
La trama empieza a desarrollarse un día en que
el doctor Jáuregui al tomar el periódico que estaba sobre la cama miró en la primera página una fotografía de un “gamín” o “pelafustán”, como tímida y desdeñosamente llaman a un
niño, a “una vida promisoria frustrada” , que yacía tirado en la calle,
haraposo, con un proyectil incrustado en la cabeza, a quien, después de lavarle
en el hospital su cara de ángel sucio, le permanecían costrosos los orificios
de la nariz y el caracol de las orejas.
Luego en su fichero de control buscó
desesperadamente un nombre entre las 3000 historias médicas de sus examinados
en la Alcaidía de Menores, sin que lograra identificar al muchacho de la
fotografía.
Casi imperceptiblemente se va introduciendo en
un laberinto, en una selva enmarañada, intrincada, al interesarse por el caso,
que le causó más de un desvelo.
El mérito de la novela, con tratamiento de ensayo científico en su
mayor parte, encubierto con la modalidad del relato, radica en la forma de
tocar diferentes aspectos, tales como la violencia, la deshumanización de la
justicia, del mismo ejercicio de la medicina, peros sobre todo, muy
especialmente, la “delincuencia juvenil” y la manera de enfrentar, por no decir
esquivar este problema de índole social, ante el cual, el Estado y la sociedad son inferiores a la
responsabilidad que les corresponde asumir, debido a las grandes fallas
estructurales en todos los niveles.
Es
impresionante la vigencia que mantiene, pues, el enfoque dado está a tono con
la actualidad y lo estará mucho más allá del año 2000 de persisitir las
circunstancias conocidas.
Los personajes, además del médico
psicoanalista, son: Etanislao, Jesús o Gil, que son varios de los supuestos
nombres del gamín que alguna vez cayó en las garras de un peligroso traficante
de marihuana, y que simboliza uno cualquiera o a todos los millares de niños desamparados que
deambulan en las céntricas calles de populosas capitales o en cualquier parte
de las tantas poblaciones y ciudades de este subdesarrollado tercer mundo.
Octavio, Susana y Otilia, sus padres adoptivos y hermana de crianza, con quien
al parecer tuvo relaciones incestuosas que le obligaron a escapar de la casa.
Ana Peñaranda, una solterona creyente con frustración maternal, privada de
afectos familiares. El cura que pretende
explicar los desajustes sociales con disquisiciones teológicas. Un juez tirano
que rechaza las posibilidades del psicoanálisis que, según él, pretende
explicar todas las conductas por el sexo y el inconsciente, sin ponerse de
acuerdo sobre la materia; y que descarga en el legislador la culpa de su
sadismo al aplicar la ley, tratando de
justificarse con los “benefactores de la niñez” que lloran y suplican limosnas
para construir un albergue de huérfanos desamparados, y cuando tienen su
edificio, sus donaciones particulares y oficiales, entonces se olvidan de su caridad y cierran las
puertas a cada niño, que según sus frías operaciones de aritmética, llega a
disminuir sus dividendos.
Solanito o “El Perro”, que representa al guardián deshumanizado que
desarrolla un olfato de sabueso y se comporta más como un inquisidor para
complementar así una “justicia neurótica”
, anticientífica y equivocada. Un perro de familia llamado “Otelo” , igual
que uno de los personajes de una obra teatral del dramaturgo inglés William
Shakespeare. Y, en fin…
Mejor
consiga el libro y léalo.
Chinú, enero 31 de 1989.
Publicada en El Heraldo, Barranquilla, Domingo
9 de abril de 1989
jueves, 17 de octubre de 2019
PROHIBIDO AMARSE EN CUARESMA Por Rúber Burgos Alvis - Publicado en el diario El Universal, Cartagena, jueves 31 de marzo de 1988. El Meridiano de Córdoba, Montería, domingo 5 de abril de 1998.
Mitos de
Semana Santa
____________________
PROHIBIDO
AMARSE EN CUARESMA
Por Rúber
Burgos Alvis
Para fines
de marzo ya rueda la hojarasca. La brisa corre veloz sobre la piel, los techos,
la arena y la sabana. Se siente su caricia suave y fresca. Esta costa
bullanguera, tropical y alegre está en pleno verano. Un agradable rumor de
música caribe parece soltarse de árboles y palmeras cuando los mece el viento.
El batir de las hojas suena como maracas.
Por las
mañanas, un sol de pestañas largas y miradas radiantes nos penetra en el alma
reconfortando el cuerpo. Sus rayos dorados y rojizos lastiman la densidad de la
bruma blancuzca, obligándola a despejar el día. Diluyéndola con su resplandor
de oro y coral.
Un manto de
mariposas amarillas parece haberse escapado de “Cien Años de Soledad”.
Las
cocineras y los chupahuevos cruzan en rápido vuelo casi a ras de tierra.
Han
florecido los robles y los cañahuates. También los matarratones, clemones y
abetos. Según el aforismo: “Cuando florece el matarratón las mujeres se
alborotan.
En este
ambiente bucólico se enmarca la cuaresma del pueblo, que para mí siempre ha
tenido un cierto toque de misterio y de superstición.
En los
montes, que se tornan tristes por estos
días, los yolofos, canarios y bajeros, con el resonar de sus alas sobre los
arrozales y el chillido zumbón de las chicharras nos llenan de nostalgia.
Al avanzar
las horas, el humo de las quemas vuelve a enturbiar el cielo. Algunas nubes
como motitas de algodón salpicado pronostican las lluvias de abril. El azul
intenso y diáfano se empaña como un espejo con el vapor del aliento.
Cuando cae
la tarde, el cuarto creciente de la luna con sus cuernos de punta, se
transparenta a través de los celajes color pardo cenizo que surcan el espacio.
Irremediablemente
nos transportamos a los años de infancia.
Cuando
niños, el Viernes Santo, a las 12 en punto del mediodía, caminando en puntillas
y en absoluto silencio, veíamos que del tronco del limón del patio estallaban
unos botones casi al reventar, de los cuales sacábamos con la punta de un
cuchillo o de una navaja, unas bolitas que llamábamos “higas”, que después
servían de amuleto a los recién nacidos para protegerlos del “mal de ojo”.
Recuerdo que
se nos atemorizaba con el diablo, que según los mayores, permanecía escondido
detrás de las puertas, debajo de las camas y en los rincones de la casa y del
patio, durante la cuaresma. Existía la creencia de que al ordeñar, en vez de
leche, la vaca daba sangre. Pegarle al hermano menor era como pegarle a
Jesucristo. No se podía cortar leña, pues se cortaba al Señor.
Era
prohibido hacer el amor el Viernes Santo… !
Pareja que
se arriesgara corría el peligro de quedar unida por la verija por el resto de
su vida.
De allí la
curiosidad incontenible, ya adolescente, de mirar la película: “Las Pirañas
Aman en Cuaresma” , cuyas imágenes y escenas nunca se borrarán
de mi memoria; además de haberme ayudado a romper con el mito.
Período de
abstinencia
A más de la
abstinencia sexual, en Semana Santa se prohíbe comer carne de cerdo y de res.
Se permiten sustitutos como el bagre, que a veces lo confunden con babilla; la
hicotea, guisada o en garapacho; mote de
palmito amargo; de fríjol; de queso o de guandul; ensalada de palmito dulce.
En cualquier
casa que se visite en esta época brindan chicha de corozo, de maíz, agua de
masa, conserva o calandraca (el mongo-mongo de los monterianos, dulce de papaya,
de guayaba, de ñame o de coco rallado.
Por fortuna,
acompañado de buena música, pues, antes sólo se permitía escuchar música clásica,
que causaba modorra.
Toda esta gastronomía,
en su mayor parte, se prepara y mantiene en ollas, moyos y tinajas de barro
cocido, cuya técnica artesanal, legada por nuestros antepasados indígenas
recibe el nombre de Cerámica, la cual se trabaja en Chinú, con muy buena
calidad.
La Iglesia se
encarga de la parte religiosa, con celebraciones litúrgicas (Marzo 27-Abril
3-88), que rememoran la Vida, Pasión y Muerte de Jesús, llamado también el
Galileo.
Los
chinuanos, no podremos ver esta vez en el cine, en copia nueva, “El Mártir del
Calvario”, por hallarse cerrado indefinidamente el Teatro Diana, única sala de
proyecciones que existe en el lugar.
Publicado en
el diario El Universal, Cartagena, jueves 31 de marzo de 1988.
El Meridiano de Córdoba, Montería, domingo 5
de abril de 1998.
domingo, 6 de octubre de 2019
ABELARDITO VS. GERMANCITO - Por Rúber Burgos Alvis - Columna de Orientación política publicada en el diario EL UNIVERSAL de Cartagena el 25 de Enero de 1988.
ABELARDITO
VS. GERMANCITO
Por Rúber
Burgos Alvis
“Soy del
mismo barrio/ de la misma calle/ porque tanto orgullo/ si de allí eres tú/ soy
de gente noble/ cuál es tu murmullo…”
Este versito
inicial de una vieja canción caribeña, que alguna vez interpretara Aníbal
Velásquez en ritmo de pasebol, parece encajar perfectamente en el episodio de
una rivalidad sana, algo infantil y un poco inconsciente, tal vez, que ha
surgido entre dos figuras jóvenes de la política cordobesa, que aspiran como
buenos primíparos hacer carrera y consolidar cada uno de ellos su propio
sector, hasta convertirse en dos emplumados caciques, el uno apoyado en su
audacia; el otro en las huestes legadas por su papi.
La
cosquillita se remonta a aquellos días tormentosos para la patria, cercanos al
9 de abril de 1948, cuando dos tiernos angelitos nacieron en sendos hogares de
clase media ascendente, en un villorrio situado en las antiguas sabanas de Bolívar,
llamado Sahagún, donde abundan las arenas rojas y los rostros pálidos.
Desde sus primeros
reflejos y movimientos, por ser vecinos, los dos graciosos chiquillos se
peleaban por los cascabelitos colgados en sus bellas cunitas y se tiraban las
suaves almohaditas con aplicaciones de terciopelo. Tiempos aquellos!.
En cuanto
iban creciendo se disputaban los trompos, las cometas y los carritos de
juguete, porque “el tuyo es más bonito”. Qué parvulitos tan traviesos y tan
adorables exclamaban orgullosamente sus abuelitas.
De
adolescentes reñían por las mismas novias en las fiestas del club.
Con el
correr de los años, ya finalizados sus estudios universitarios de
Jurisprudencia y Ciencias Políticas, cada quien por su lado inicia su vertiginosa
e incansable competencia sin treguas.
Escalan
posiciones estatales medianamente altas, se lanzan a corporaciones colegiadas y
dictan charlas y conferencias hasta en los cumpleaños y festejos de grados.
Ayer,
Abelardito de la Espriella Juris propuso la creación de un nuevo Frente
Político en Córdoba, denominado Frente Amplio Liberal (FAL), con
planteamientos “revolucionarios” para
buscar el remozamiento y “relevo generacional” de la clase política del departamento.
Hoy, Germán
Alberto Bula Escobar, hijo del exministro Bula Hoyos, hizo el lanzamiento
oficial de su propia colectividad, por él denominada Movimiento Liberal Social
Demócrata, a cuyo evento asistieron nuevos líderes y antiguos capitanes, tenientes,
sargentos, cabos y soldados rasos que por más de 20 años vienen militando con su
padre, y que lógicamente para ayudar al muchachito, éste empezaría a heredar;
de la misma manera que las servidumbres coloniales pasaban de una generación a
otra, sometidas a perpetuidad y como en las monarquías en las que los vasallos
servirán al príncipe.
-o-
Entre sus postulados
señala la necesidad de “cambiar las costumbres políticas” erradicando el
ventajismo, la corrupción, la politiquería, el clientelismo, la represión sobre
la actividad política de corte independiente y… ¡pare de contar¡.
Demagogia o
voluntarismo dirigido a la edificación de una nueva sociedad ideal, estilo Socialismo
Utópico.
Si es esto
último, permítanme recordarles un pasaje anecdótico del filósofo Henri de Saint
Simon, socialista utópico francés de origen noble, que habiendo recibido una
instrucción perfecta, de muy joven soñaba con grandes hazañas y había ordenado
a su lacayo que le despertase cada mañana con las siguientes palabras: “señor
Conde, levántese usted, que son muchas y grandes las cosas que tiene usted que
realizar”.
Y sepan
amigos lectores que no es este el único caso de este tipo que se da en el
departamento.
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Columna de
Orientación política publicada en el diario ELUNIVERSAL de Cartagena el 25 de
Enero de 1988.
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